Lo mismo, sobre el agregado de pro-gesterona a los estrógenos, que parece no modificar las cifras de riesgo, cosa totalmente diferente, respecto al cáncer de endometrio, el cual la pro-gesterona produce una comprobada acción beneficiosa, por lo cual es imprescindible agregarla cuando se realiza un tratamiento con estrógenos.
El lector se podrá preguntar si solo se conocen factores y cofactores en el cáncer de mama, cómo se puede hacer para que disminuya la incidencia y la mortalidad por este frecuente cáncer de la mujer. Con respecto a la incidencia hay poco por hacer, solo minimizar los cofactores antes mencionados, en cambio con respecto a la mortalidad, si que hay mucho por hacer y todo está centrado en el diagnóstico temprano de la enfermedad.
Por qué el cáncer de mama, cuando está limitado solo a la mama, sin haber invadido estructuras vecinas ni ganglios, se cura en un altísimo porcentaje, pero esto va disminuyendo en la medida que el tumor se esparce y esto va ocurriendo con el transcurrir del tiempo.
Por lo tanto, para mejorar las consecuencias de esta patología, todo girará en torno de un diagnóstico lo más temprano posible.
Ese diagnóstico temprano, está basado en 3 pilares fundamentales: -El autoexamen de la mama -El examen por cuenta de un médico y con el estudio de la mama con métodos paraclínicos (radiografía y ecografías).
El autoexamen de la mama:
Debe realizarse todos los meses, por parte de la propia mujer, después de terminada la menstruación, logrará detectar anomalías que no siempre van a ser cánceres, y esto hay que recarcarlo, pero ese hallazgo será valorado en su justo término por el médico.
El examen médico:
Debe concurrir al médico toda vez que encuentre algo diferente en sus mamas, algo que antes no lo tenía, sea esto un pequeño nodulo (como una bolita, un pezón que se hundió, una zona deprimida, etc.), y si no encuentra nada anormal, igual y por lo menos una vez al año, deberá concurrir al médico.
El médico examinará minuciosamente las mamas y las axilas, y con la experiencia que éste tiene, puede encontrar lo que la paciente no encontró en el auto-examen y al revés puede dar tranquilidad sobre algo que la paciente encontró y no tenía importancia.
Los estudios paracíínicos:
Hay tumores que no los puede palpar ni el paciente en el auto-examen ni el médico tampoco, por ser muy pequeños, por estar muy profundos, por ser la mama muy adiposa, etc.; por lo cual, nos debemos ayudar con otros estudios. Hoy en día son fundamentalmente dos: la mamografía (radiografía de mamas) y la ecografía.
Puede surgir entre los lectores, la siguiente pregunta, ¿pero las radiaciones, no son en sí mismas cancericidas?
Es cierto que las radiaciones son cancericidas y se lo ha comprobado en Japón (Hiroshima y Nagashaki) y en Rusia (Chernobyl), pero esas dosis de radiaciones, nunca se alcanzan en las radiografías. Siendo que las dosis que se alcanzan en las mamografías son muy pequeñas, éstas no son capaces de aumentar el riesgo de cáncer. El otro método de estudio es la ecografía mamaria.
Hay otros, pero que casi no se usan, unos como la tomografía computada, porque no agrega nada más a una radiografía simple y son muy costosos; lo mismo se puede decir con la resonancia magnética.
Resumiendo diremos que:
a) Toda mujer mayor de 20 años, debe recibir instrucción sobre el autoexamen y utilizarlo en forma regular.
b) Ese autoexamen se debe completar, con la consulta médica a partir de los 30 años.
c) Se recomienda una mamografía:
1- El primer estudio entre los 35 y 39 años
2- Mamografía cada 1 o 2 años en mujeres entre 40 y 50 años, en función de los riesgos individuales
3- Mamografía anual en mujeres mayores de 50 años
Como conclusión final:
-Que las mujeres no hagan como el avestruz que esconde la cabeza ante el peligro, que se enfrente a la realidad lo antes posible, lo que podrá ser posible con el autoexamen y la concurrencia periódica a un médico. |