Sauna sus efectos positivos
• Desintoxicación.
Cuando se transpira, la piel funciona como un tercer riñon que elimina las toxinas que el sistema renal no llega a drenar. Además, la transpiración resulta beneficiosa para la renovación de la piel, porque favorece la descamación de la capa córnea más superficial y se activa su manto ácido, que es sumamente importante para la protección frente a las infecciones cutáneas.
• Favorece la irrigación sanguínea.
Además, el contraste del baño de aire caliente con las duchas de agua fría provoca una dilatación y contracción de los vasos sanguíneos que mejora la irrigación de los tejidos y, por lo tanto, su capacidad de adaptación a los cambios térmicos. Por eso, las personas que suelen tomar baños con cierta frecuencia rara vez se resfrían.
• Mejora las vías respiratorias.
El aire entra en los bronquios a una temperatura de unos 80 grados y con una humedad del 15 por ciento y sale a unos 39 grados y con una humedad del 37 por ciento. Esto significa que el aparato respiratorio sufre un calentamiento importante y que se estimula la secreción de mucosa bronquial. Este efecto, junto con la alternancia de dilatación y contracción de los vasos sanguíneos (por la sucesión de frío y calor), potencia la capacidad natural del organismo para adaptarse a los cambios de temperatura. Por eso, el sauna resulta un hábito especialmente saludable al iniciarse el otoño.
• Terapia de relajación:
el calor alivia las contracciones y los dolores musculares. Además, también produce relajación anímica.
• Gimnasia vascular:
el corazón mejora su funcionamiento porque la sangre, que se calienta en la piel, dilata las arterias. Los cambios de presión son moderados: baja con el calor, pero sube rápidamente con las duchas frías.
