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Uso del Ajo

¿CUÁLES ERAN ENTONCES SUS USOS MÁS IMPORTANTES?

Aunque la medicina era por aquel entonces muy rudimentaria, ya se habían descubierto sus poderosas cualidades desinfectantes y se lo utilizaba para combatir plagas cuyo origen era desconocido, para curar heridas y para darle mayor fortaleza al organismo de los guerreros.

 

¿DE QUÉ MODO SE LO UTILIZABA?

Los sumerios lo utilizaban en forma de infusión colocándolo en agua hirviendo y dejándolo sumergido más de una hora.
También se hacían decocciones, es decir, se lo colocaba en agua y se lo cocinaba a fuego lento, mezclándolo a veces con mirra.
Los fomentos para tratar afecciones de piel estaban muy difundidos. Se colocaba primero un lienzo embebido en infusión de ajo y sobre él otro lienzo seco para mantener la humedad el mayor tiempo posible.
Para tratar problemas musculares se lo utilizaba como linimento. Para este uso específico se lo aprovechaba crudo, machacado, mezclado con grasa animal y con algunas hojas de eucalipto.
Para combatir los parásitos intestinales que hoy se conocen con el nombre de oxiuros, se lo utilizaba como tintura. Este tipo de preparación se obtenía sumergiendo el ajo pelado en cerveza y dejándolo allí todo el período que va de una Luna llena hasta la otra. Esta misma tintura era utilizada también en aplicaciones tópicas para tratar problemas de la piel como acné y forúnculos. Se la empleaba, además, para revitalizar a los soldados cuando debían marchar a la guerra y para incrementar el vigor sexual de jóvenes y ancianos. Se decía que un vaso de tintura de ajo permitía vencer al enemigo y satisfacer a las mujeres más exigentes.
También los egipcios conocieron las virtudes terapéuticas y cosmetológicas del ajo. Un famoso médico, Hesi Re, quien tenía a su cargo el cuidado de las salud de los constructores de pirámides, lo utilizó exitosamente para combatir el dolor y la inflamación de los dientes y las muelas. Cuando se extraía alguna pieza dentaria, además, el hueco era llenado con ajo machacado, con los que se prevenía tanto el dolor como las infecciones.

Los griegos, según lo relata el propio Homero en la Ufada, la utilizaban para curar diverso tipo de iatros, es decir, de enfermedad. Además, creían que como era un revigorizante general del organismo, no sólo aumentaba la potencia viril, sino también la fecundidad de hombres y mujeres. Incluso le atribuían la virtud de permitir engendrar hijos varones. Las familias poderosas lo tomaban en infusión cuando querían tener descendencia para que naciera un hijo de sexo masculino capaz de ponerse en el futuro al frente de sus prósperos negocios.
Los romanos reconocían en el ajo, además de las mismas virtudes que los griegos, algunas otras virtudes suplementarias. Por ejemplos, los emperadores lo utilizaban en el vino porque aseguraban que era un poderoso antídoto contra posibles venenos. Los gladiadores lo bebían antes de las luchas en el Coliseo para tener mayor fuerza muscular, los soldados lo comían con pan para aumentar el valor frente al enemigo.

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